La mentira que todos nos tragamos.

No, literalmente, nos la tragamos.

Nos la comemos entera.

La devoramos como si dependiésemos de ella.

Carne.

A cuántos de nosotros nos han dicho que necesitamos proteínas animales para sobrevivir? Estoy muy segura de que a todos. En algún punto de nuestras vidas, nos han empujado la carne por la garganta porque “necesitas carne para crecer!!!”.

Resulta que es todo mentira.

Todo empieza con el cuento de la proteína. Debido al increíble circo mediático en el cual nos encontramos enredados, todos estamos expuestos a los discursos de supuestos “nutricionistas” y “entrenadores personales” cuyo único propósito es pintarnos el consumo de proteínas como algo esencial, ya que de eso viven los músculos, and so on, and so forth.  Tal vez nadie pensó que no somos omnívoros. Tal vez nadie pensó que todos los aminoácidos esenciales (los aminoácidos componen la proteína humana) son encontrados en alguna fuente verde. Llámense plantas, llámense granos. Todo se encuentra por fuera de la carne.

Al comer carne, que no es más nada que un animal muerto, nos estamos llenando de todas esas cosas malas que vienen con la descomposición. Tienes un pedazo de animal pudriéndose en tus intestinos a todo momento. Con razón necesitas antiácidos y pastillas digestivas al terminar de comer.

Aún me cuesta creer que existe gente que no entiende que nuestros organismos, cuerpos, y mentes simplemente NO están hechos para cazar, consumir, y digerir carne. Ya que nuestro pariente más cercano biológicamente y anatómicamente sería el mono, podemos basarnos en su dieta (frutas y vegetales) para deducir la nuestra. Encima de esto, no estamos ni físicamente ni mentalmente dotados para asesinar. Si no tienes tendencias psicópatas, cuando te digo que pienses en un pollito bebé, tu primer pensamiento no será el de aplastarlo y tomarte la sangre, espero.

No es instintivo para nosotros el matar para comer. No es una dieta natural, y por ende nos hace daño.

Un argumento increíble que me encontré en una discusión respecto a este tema es: “si no es bueno para nosotros, entonces por qué todo el mundo lo hace? si todos lo hacen, es porque es bueno”. Está bien. Según esta lógica, las emisiones de carbono causadas por los carros no dañan la atmósfera, porque todo el mundo maneja carros que corren con gasolina. Obviamente.

Mi respuesta a este argumento fue una simple palabra que me ha deprimido la vida desde que la conozco: dinero. La avaricia rige la vida de los empresarios grandes de este mundo, incluso las sociedades “ambientalistas” se venden por lo que sea. Es increíble ver como la vente vende sus valores y creencias por dinero. Es increíble lo poco que la gente valora su ética y su moral.

Este mundo aparentemente no nos cría para ser seres sentimentales, que es lo que somos por naturaleza.

Por eso es tan difícil matar a un animal. Por eso tenemos una industria tan grande con gente enferma que se encarga de hacer el trabajo sucio por nosotros. Así de hipócritas somos. Es lo suficientemente inhumano como para no hacerlo nosotros, pero no lo suficientemente inhumano para no hacerlo en absoluto. No tiene sentido enseñarle a nuestros hijos que no está bien matar, pero luego decirles que está bien comer carne. No estoy diciendo que debemos dejar de enseñarles el amor a la vida, más bien todo lo contrario; estoy diciendo que de una vez por todas practiquemos lo que predicamos y dejemos de ser hipócritas, porque es lo que somos.

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Por qué estoy aquí?

Porque esperan que gritemos consignas al unísono. Consignas que no encajan con nuestros ideales, y no pienso vender mis palabras por un plato de comida. Porque quieren que creamos que están haciendo su mejor esfuerzo, cuando en realidad ni les importa ni les interesa, y al fin y al cabo tampoco les incumbe, según su lógica egoísta.

Por eso, y mucho más, estoy aquí. Porque no pienso callarme las injusticias de un régimen desinteresado, mucho menos cuando sé que tengo la capacidad de hacerle llegar a otras personas mi punto de vista, que tal vez no les agrade, pero les revolverá el gusanito de la inconformidad y ahí empezará la revolución personal. El día que se den cuenta de que están descontentos, por la razón que sea. El sentir que merecemos más de lo que tenemos, todo dentro de los límites de lo sano, es lo que nos empuja a ser mejores personas. Nos lleva a analizar nuestra situación y a comprender los factores tanto exógenos como endógenos que nos están retrasando en nuestro viaje de superación personal, también llamado vida. Es lo único que tengo que agradecerle a los orangutanes que gobiernan mi país. Gracias por abrirme los ojos.

La adversidad siempre viene por algo, nada viene porque sí ni mucho menos por su cuenta. Una cosa lleva a la otra, y gracias al Universo mis experiencias han llevado a que yo esté sentada hoy aquí, escribiendo esto, finalmente desahogando todos esos pensamientos que sé que por lo menos valen algo. Siempre hubo algo dentro de mí queriendo ser escuchado, una parte de mí que piensa que seré parte de algo más grande, que a la gente le gustaría escuchar mi voz, y por más de que mi mayor feedback sea de parte de mis padres, no dejo de pensar de esta manera. Estoy consciente de que la mayor parte del tiempo todos quieren que me calle, pero simplemente no puedo.

Esto es más que todo un diario personal, no espero que nadie lo lea, pero si algún día llega a los ojos de algún venezolano con sentido común, o cualquier otro ciudadano de este mundo en el cual vivimos, espero que se sientan inspirados a levantarse del sillón y protestar. Protesta por tus derechos, pelea por lo que es tuyo por nacimiento, que aunque no lo creas también te lo puedes estar arrebatando tú mismo. Esto no es un llamado a la anarquía, es un llamado a la rebelión personal. Estás haciendo las cosas bien? Te estás haciendo justicia con tus acciones? Estás donde quisieras estar? Si no es así, inicia un boicot en contra de tu persona actual. No permitas que nadie te degrade o irrespete, ni siquiera tu mente. Las cadenas de la mente son las que nos atan a la tal-llamada realidad.

Nada de lo que creemos real, es en realidad, real.

Todo depende de nuestra percepción, y es nuestro deber ampliarla y librarnos de nuestras propias cadenas antes de buscar hacer un cambio más grande. Pero esto es otro tema que tocaré más adelante.

Yo no soy perfecta, ni soy el ejemplo correcto para mostrarles cómo ser, para nada. Pero este es mi camino de superación personal y mis opiniones, y quisiera compartirlo. Todo esto fue desencadenado por preguntas, a veces controversiales, realizadas por un profesor que disfruta al hacernos pensar, y que más de una vez me dijo que iniciara un blog.

Gracias, profe. Esta va para usted.